Se sabe que la vagina cuenta con un equilibrio bacteriano que es importante de mantener de forma saludable. Desde la infancia se les enseña a las niñas a lavarse con agua, a no utilizar jabón para no matar las ‘bacterias buenas’ de la zona, conocidas como microbiota vaginal, utilizar ropa interior de fibras naturales y luego cuando llega la menstruación a ser rigurosas con los productos de higiene escogidos y su recambio periódico. 

Pero existe un método complementario para limpiar los genitales: las duchas vaginales, rodeadas de mucho mito en torno a su uso. “Una vagina saludable tiene bacterias benignas y nocivas. El equilibrio de las bacterias ayuda a mantener un ambiente ácido el cual protege a la vagina de infecciones e irritaciones. Muchas pacientes que consultan por duchas vaginales piensan que es para combatir infecciones, cuando lo cierto es que podrían provocarlas”, explica Carmen Gloria Bórquez, matrona de Decidoinformada.cl, sitio web dedicado a la salud sexual femenina.

Un desequilibrio en los microorganismos propios de la vagina puede derivar en molestos síntomas, como picazón, mal olor y secreciones que incomodan en la vida cotidiana y tienen repercusiones en una vida sexual saludable. “La vagina tiene un ph más ácido que neutro (4.5- 5). Sin embargo, consejos basados en ‘secretos de la naturaleza’, como lavados con vinagre o bicarbonato de sodio, podrían desequilibrar la microbiota vaginal, alterando el ambiente natural”, advierte la experta, quien añade que en el 1.800 AC los egipcios practicaban la irrigación vaginal con lavados de miel y carbonato de sodio como método anticonceptivo con efecto de barrera y espermicida. “Miles de años más tarde, en el 1.800 DC, las mujeres practicaban lavados con mezclas de líquidos antisépticos, fragancias y vinagre, casi siempre con un enfoque anticonceptivo, para eliminar residuos de la menstruación o para prevenir enfermedades de transmisión sexual”, agrega, destacando que “estas funciones eran basadas en mitos, ya que el conocimiento medicinal revela que la propia microbiota vaginal higieniza el interior mediante la formación de mucosa la cual barre con la sangre, el semen y el flujo vaginal”.

El lavado diario de los genitales femeninos con agua, el correcto secado (evitar humedad), uso de ropa interior de fibras naturales y el recambio frecuente de productos de higiene durante el período son medidas suficientes de cuidado de la vagina. “El uso esporádico de duchas vaginales queda a discreción de cada usuaria, pero es importante señalar que un eso excesivo de este método de limpieza profunda puede derivar en un desequilibrio de los microorganismos naturales, que podrían derivar en infecciones como Candidiasis Vaginal o Vaginosis bacteriana”, advirtiendo que, si la mujer padece una infección en curso, el uso de la ducha vaginal podría incluso empujar la infección hacia el útero, las trompas de Falopio o los ovarios. “Una mujer que tiene hábitos de higiene vaginal adecuados no necesita una ducha vaginal”, puntualiza la matrona. 

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